Sewayaki Kitsune no Senko-san sigue a Kuroto Nakano, un joven agotado por las exigencias de su trabajo y la silenciosa soledad de vivir solo. Sigue adelante con su vida cotidiana porque no le queda otra opción, incluso cuando el estrés va asentándose poco a poco sobre él. En este mundo, esa carga es más que un agotamiento emocional: puede manifestarse como una oscuridad en el interior de una persona, algo que las deidades zorro pueden percibir antes de que consuma su vida.
Cuando Senko-san entra en el apartamento de Kuroto, lo hace como una chica zorro de ochocientos años con un propósito muy claro: aliviar su sufrimiento y ayudarle a recuperarse del desgaste que lo va minando. En lugar de recurrir a batallas o giros dramáticos, la serie encuentra su esencia en los pequeños gestos de cuidado que ella aporta a su día a día, convirtiendo las rutinas ordinarias en momentos de consuelo, calidez y alivio. Mientras Senko-san cuida de Kuroto, la historia sigue su apacible vida cotidiana y el vínculo silencioso que nace entre ambos, combinando un encanto sobrenatural con un retrato reconfortante de la soledad, el cansancio y el poder sanador de la bondad.