Kirio Fan Club sigue a las compañeras de secundaria Aimi Miyoshi y Nami Sometani, cuya amistad gira en torno a un flechazo casi absurdamente cotidiano: las dos están enamoradas de Ken Kirio, y ninguna parece capaz de dejar de hablar de él. Sus días se llenan de pequeños rituales: comparar impresiones, imaginar cómo sería acercarse a él y observar con discreta envidia a quienes pueden ponerse junto a Kirio sin dudar. Su atractivo no reside tanto en un gran romance como en la comodidad de esa obsesión compartida, que convierte incluso las conversaciones casuales en un comentario constante sobre la presencia de un chico.
En lugar de empujar a las chicas hacia confesiones dramáticas, Kirio Fan Club se detiene en el afecto, las bromas y los pequeños celos que crecen entre dos compañeras que se entienden a la perfección a través de sus sentimientos por la misma persona. Aimi y Nami rara vez actúan en función de su enamoramiento, y prefieren el ritmo familiar de sus intercambios y la extraña intimidad que construyen al hablar una y otra vez de Kirio. En esa repetición reside el encanto de la serie: una historia sobre el anhelo, la amistad y el vínculo, extrañamente inquebrantable, que nace de poder decir, con absoluta sinceridad, que siempre hay algo más que comentar sobre Kirio.