GJ-bu mantiene unas normas del club lo bastante laxas como para que cada tarde resulte imprevisible, y pronto Kyouya “Kyoro” Shinomiya descubre que unirse al grupo de cinco miembros significa convertirse en el único chico en una sala gobernada más por las bromas, el apetito y un afecto torpe que por cualquier actividad oficial. Lo que comienza como un simple refugio tras las clases acaba convirtiéndose en una serie de pequeños encuentros íntimos, tan extraños como reconfortantes.
Mao Amatsuka, la presidenta del club, no tarda en morder a Kyoro cada vez que se enfada o incluso cuando se siente cohibida; su hermana menor, Megumi Amatsuka, lleva el té y los postres a la mesa; Shion Sumeragi aporta una presencia serena y comedida como prodigio del ajedrez; y Kirara Bernstein, con su temperamento felino y su afición a la carne, mantiene el ambiente animado. Cada una de las cuatro chicas siente algún tipo de interés por Kyoro, de modo que en la sala del club nunca faltan la tensión, el calor humano ni los malentendidos juguetones. GJ-bu convierte esa premisa cotidiana en una comedia amable de personalidades, en la que las normas tácitas del club importan menos que las relaciones que se van forjando dentro de la sala.