En Time of Eve, el Japón del futuro cercano se ha acostumbrado a los androides domésticos, cuya presencia está regida por las Tres Leyes de la Robótica y vigilada por el Comité de Ética Robótica. La mayoría de la gente los trata como simples electrodomésticos, y a quienes los aprecian abiertamente se les ridiculiza llamándolos adictos a los androides y se les relega a los márgenes.
Rikuo Sakisaka ha pasado toda su vida aceptando ese orden social, convencido de que los androides son fundamentalmente distintos de los seres humanos. Su certeza empieza a tambalearse cuando descubre un extraño mensaje oculto en los registros de actividad de Sammy, su androide doméstico. La pista lo conduce hasta Eve no Jikan, una cafetería tranquila con una norma innegociable: en su interior no debe existir ninguna distinción entre humanos y androides.
A medida que Rikuo vuelve una y otra vez, la cafetería se convierte en un punto de encuentro donde conversaciones aparentemente casuales sacan a la luz las ideas preconcebidas que sostienen la vida cotidiana. Cada encuentro lo obliga a mirar más de cerca a Sammy, a las personas que lo rodean y a la frontera incierta que la sociedad traza entre persona y máquina. Lo que comienza como un simple misterio se convierte poco a poco en una meditación íntima sobre la empatía, la identidad y la posibilidad de que la separación entre humano y androide sea mucho menos segura de lo que parece.